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Reto pendiente del fuero común

GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ

Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.

Mal haríamos en no reconocer el esfuerzo que se hace desde las alturas del Palacio de Gobierno, donde el gobernador Manolo Jiménez Salinas ha empeñado su palabra y su capital político para mantener a Coahuila blindado del crimen organizado.

Las cifras del fiscal Federico Fernández Montañez ahí están en los informes de este año 2026, con una reducción del treinta y dos por ciento en robos de alto impacto que ya quisieran presumir en otros estados de la República.

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Sin embargo, la cosa es que, fíjense ustedes, cuando uno camina temprano por el centro o sale en el platica de café en el Sanborns, la realidad del ciudadano de a pie tiene otros matices.

El gran blindaje estatal contra las bandas grandes funciona, de eso no hay duda; pero abajo, en el día a día de nuestras colonias, el ratero común sigue metiendo su cuchara en el patrimonio familiar. No es un asunto de alta política, sino de esa burocracia intermedia y de la prevención que a veces se nos duerme en sus laureles. Imagínense ustedes que la delincuencia de barrio ya no respeta ni los centros educativos de nuestros hijos.

Hasta hace poco el problema se quedaba en el asalto callejero, pero este año la maña menor se encandiló con el cobre de las instalaciones públicas y los medidores. De ahí brincaron a las escuelas públicas en Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga.

Es una pena que durante los puentes o en las vacaciones que apenas pasamos, cuando el plantel se queda solo porque el conserje nomás no aparece a dar sus vueltas, los rateros violen ventanas para llevarse desde las computadoras hasta el cableado eléctrico que deja sin luz ni agua a los planteles. Piensen nomás el coraje de los padres de familia de la Mirasierra o de la colonia Fundadores cuando ven que el esfuerzo de años se esfuma en una noche.

Fíjese nomás qué cosa, la osadía del fuero común no es nueva en nuestra geografía coahuilense. Uno hace memoria y viaja en el tiempo hasta mediados de marzo del año 2011, cuando en la capital del acero se llevaron las letras metálicas del muro principal de la entonces delegación de la Procuraduría del Estado en Monclova.

Fue un caso vergonzoso que desató la ironía popular en todos los cafés, pues evidenciaba que ni las barbas de la autoridad judicial se salvaban del azote de los amantes de lo ajeno si se relajaba la vigilancia nocturna. Traigo a colación este recuerdo histórico porque, guardando las debidas proporciones con aquel lejano 2011, esa misma desfachatez asoma la cabeza en pleno 2026.

Hoy en día, los reportes en los estacionamientos de algunas oficinas públicas y delegaciones, tanto en Saltillo cerca del viejo Hotel La Torre, como en Torreón, vuelven a encender las alarmas por el robo de accesorios de vehículos oficiales de los trabajadores. Eso no es un desafío a las grandes estrategias del gobierno, sino la viveza de unos ladronzuelos que le pierden el respeto al uniforme de barrio porque saben que la justicia a veces camina a paso de tortuga.

En verdad es que cuando un vecino acude a denunciar, se topa con un agente que arrastra los pies o expedientes tan mal integrados que los jueces terminan rebotando, regresando al pillo a la calle de inmediato y listito para seguir delinquiendo.

Nadie dice que falte tecnología para combatir este mal. En Saltillo vemos miles de cámaras urbanas con reconocimiento facial modernizando las calles principales, mientras la misma Fiscalía investiga y retira esas mañosas cámaras parásito con las que los delincuentes intentan vigilar encubiertamente a nuestras patrullas estatales.

Pero la mística de los fundadores de nuestras corporaciones policiacas nunca dependió de un chip, sino del compromiso del elemento en la calle. Cerca de los memoriales que recuerdan a nuestros policías caídos en el Bosque Venustiano Carranza de Torreón, o frente a los altares de muertos que ya se alistan en las oficinas de seguridad, uno entiende la realidad del policía de a pie que patrulla este invierno que viene.

El gobernador Manolo Jiménez cumple con creces en blindar las fronteras de Coahuila y atraer inversiones que dan orgullo a Piedras Negras y a la Laguna, pero la estructura intermedia tiene que ponerse las pilas para que el fuero común deje de ser el eterno dolor de cabeza en las barbas de la ciudadanía.

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