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El voto de bolsillo

Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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Ronald Reagan -Gobernador de California y Presidente de Estados Unidos por dos periodos consecutivos- consultaba las encuestas antes de dormir; si las tendencias le favorecían, se retiraba a su habitación con la idea de que le faltaba un voto para ganar.

Con ese aliciente reanudaba su campaña al día siguiente con más brío y convicción.

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Reagan militó primero en el Partido Demócrata y luego se afilió al Republicano. De ascendencia irlandesa por el lado paterno, el 40° Presidente de Estados Unidos pasó penurias durante su infancia, transcurrida en Tampico, Illinois.

Reagan cuenta en su autobiografía Una vida americana que Nelle, su madre, hacía «que un hueso para sopa durara varios días» (los sábados se comía hígado).

En otra parte del libro dice que si después de pagar la hipoteca, las facturas, los gastos del hogar y la escuela de sus hijos los estadunidenses aún tienen dólares en la cartera, normalmente votan por el mismo partido.

Ambas estrategias -evitar el triunfalismo у mantener la inflación bajo control-le dieron resultados.

En 1984 venció al candidato demócrata Walter Mondale con una votación histórica para continuar cuatro años más en la Casa Blanca.

La Administración de Reagan fue de claroscuros, como la mayoría, pero el balance final le favorece. No de balde es uno de los líderes de su país más apreciados.

En la era de Reagan, el mayor conflicto entre Estados Unidos y México ocurrió en 1985.

Ese febrero de ese año, el agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar y el piloto Alfredo Zavala fueron secuestrados y asesinados por órdenes del entonces jefe del Cártel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero.

Según exagentes de la DEA y diversos documentos, las investigaciones de Camarena, que previamente habían permitido destruir el mayor plantío de mariguana en el rancho «El Búfalo» (Chihuahua), lo condujeron a un terreno minado.

De acuerdo con el informe del Comité Perry, el narcotráfico financiaba la compra de armas para la Contra de Nicaragua.

Por ese motivo, la CIA y los capos habrían planeado la eliminación del policía encubierto.

Estados Unidos utiliza esa doble moral no sólo en el tema de las drogas, sino en todos.

Hoy, con las elecciones de Estados Unidos en puertas, el presidente Trump -hijo de inmigrante escocesa- invierte la fórmula reaganiana para atraerse votantes.

Las encuestas predicen para el 3 de noviembre la derrota -casi aplastante- del Partido Republicano en el Congreso, la mayoría de las gubernaturas e incluso el Senado.

Trump revisa las tendencias y duerme como si tal cosa. En lugar de reconciliarse con los electores, ofrece abiertamente dinero a cambio de votos y becas de ahorro para los niños.

Si en México la aprobación del 67% de la presidenta Claudia Sheinbaum propulsa a los candidatos de Morena, allende el Bravo, el rechazo de Trump del 61% contagia a los del
Partido Republicano y oxigena a los demócratas.

Trump tiene abiertos múltiples frentes dentro y fuera de su país, que los republicanos pagarán sin duda en las urnas. La guerra contra Irán es ruinosa y altamente impopular.

El trato inhumano a los migrantes indocumentados у las políticas persecutorias contra quienes ingresan legalmente son repudiadas por la mayoría.

Sin embargo, el mayor daño es en la economía de las familias estadunidenses, que Reagan priorizaba.

El enfado por el aumento de precios de los combustibles y los alimentos devendrá en alud electoral.

Trump olvidó también la máxima de Lincoln, uno de los líderes más respetados de su país, según la cual «una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil».

También lo es de la hiperlogía que el magnate padece.

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