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El tsunami anti-Trump

Luis García Abusaíd

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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Oleadas gigantescas avasallaron al trumpismo el martes en Estados Unidos. Esas montañas líquidas, rugientes y majestuosas, impulsadas por el espíritu de Walt Whitman (1819– 1892), celebraron la democracia como “un ideal espiritual, moral, social y cultural que abarca toda la existencia humana”.

Pablo Neruda (1904-1973) tenía razón: “Necesito del mar porque me enseña”. Y también: “No son sólo las conchas trituradas / como si algún planeta tembloroso / participara paulatina muerte, / no, del fragmento reconstruyo el día / de una racha de sal la estalactita y de una cucharada el dios inmenso”.

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El martes 3 de noviembre, desde las turbulencias de ese tsunami, los estadounidenses construyeron un aprendizaje histórico frente a una polarización global que tritura la esperanza democrática.

Georgia eligió a su primera gobernadora afroamericana; Texas, a su primera gobernadora mexicanoamericana y a su primera vicegobernadora; Nuevo México, a su primera gobernadora indígena. Las mujeres ocuparán entre el 34 y el 36 por ciento de las 50 gubernaturas.

Minnesota, Tennessee, Ohio y las Islas Vírgenes también eligieron por primera vez a mujeres para encabezar sus gobiernos. Después de 150 años, California tendrá un gobernador hispano, mientras que Florida contará por primera vez con un mandatario afroamericano.

Al Senado llegarán el primer senador musulmán, por Michigan; el primer senador abiertamente homosexual, por New Hampshire, y la primera senadora por Carolina del Sur.
Otras cuatro mujeres harán historia en el Senado: una indígena por Minnesota y tres afroamericanas por Illinois, Maryland y Delaware.

En enero de 2027, probablemente un afroamericano presidirá la Cámara de Representantes.
El trumpismo sufrió una contundente derrota moral y política: la oposición demócrata ganó la Cámara de Representantes y el Senado. Los demócratas pasaron de tener 24 gubernaturas a 28; los republicanos descendieron de 26 a 20.

¿Por qué perdió Trump? Por una combinación de factores. El electorado estadounidense orienta su voto por consideraciones económicas. El aumento de los precios de los productos básicos y los combustibles influyó decisivamente en las elecciones. Según distintas encuestas, el 79 por ciento de los votantes afirmó que la inflación había causado graves dificultades a sus familias durante el último año.

También pesó el rechazo a la guerra contra Irán, debido al alza de la gasolina y el petróleo, así como a sus efectos en la economía familiar.

Se desgastó, además, la narrativa que presenta a Trump como defensor del pueblo frente a las élites económicas y políticas. Una encuesta de AP-NORC, publicada en octubre de 2026, encontró que seis de cada diez estadounidenses creen que el republicano se ha beneficiado de la presidencia de forma ilegal o poco ética.

American Oversight afirma que, durante el primer año de su segundo mandato, acumuló más de 2 mil millones de dólares de nueva riqueza.

Los votantes hispanos y afroamericanos se alejaron de Trump por su política antimigrante y racista. La estrategia demócrata también funcionó: centraron su campaña en la economía cotidiana; convirtieron las acusaciones de conflictos de interés y posible enriquecimiento del presidente en un tema electoral; eligieron candidatos conocedores de sus comunidades; movilizaron a independientes y moderados, y desplegaron estrategias agresivas en estados tradicionalmente republicanos.

¿Puede replicarse ese tsunami anti-Trump en América Latina y, en particular, en México? Difícilmente. Ante un escenario interno complicado, Trump buscará que su partido gane las elecciones dentro de dos años. Reforzará su actuación exterior y blindará el Escudo de las Américas, con la colaboración política, militar y de seguridad de la mayoría de los países latinoamericanos.

Buscará combatir al crimen organizado, contener los flujos migratorios hacia Estados Unidos, fortalecer la seguridad económica y controlar recursos estratégicos para limitar la influencia de China y Rusia en el hemisferio.

¿Y México? Parece difícil. Mientras Estados Unidos demostró su fortaleza institucional, nosotros hemos perdido las condiciones democráticas mínimas para un vuelco semejante. Vivimos bajo un régimen cada día más autoritario, con instituciones judiciales, legislativas, electorales y militares que responden a los intereses de Morena, partido con una sólida clientela electoral.

Todavía no tenemos un Whitman o un Neruda a quienes invocar para celebrar ese tsunami.

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