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El martes que sacudió a la política estadounidense

Héctor Reyes

HÉCTOR REYES  es experto en comunicación desde hace más de 27 años en diferentes dependencias y entidades públicas de Coahuila. Actualmente es Director de Comunicación del Municipio de Ramos Arizpe.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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La elección del martes 3 de noviembre dejó un mensaje contundente en Estados Unidos: el descontento ciudadano puede abrirse paso incluso en territorios que durante años parecían políticamente inamovibles.

Los demócratas recuperaron el control del Congreso y conquistaron gubernaturas en estados tradicionalmente republicanos. El resultado fue leído como un rechazo a la gestión del presidente Donald Trump y a las prioridades de su partido.

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 El bolsillo fue uno de los protagonistas de la jornada. El encarecimiento de la vida, los precios de la gasolina y la preocupación por la economía pesaron en el ánimo electoral. La guerra con Irán contribuyó al alza de los costos energéticos y se convirtió en un tema político: antes de la elección, una encuesta de Ap-Norc encontró que una mayoría atribuía a las políticas de Trump la persistencia de los altos precios.

Después de los resultados, Trump reconoció que la guerra había elevado la gasolina en el corto plazo. Sin embargo, los sondeos post electorales sugieren que el costo de vida y la percepción de corrupción, preocuparon a más votantes que la guerra por sí sola.

También hubo un voto de desaprobación a la conducción presidencial: para muchos electores, la elección ofreció una oportunidad de poner límites a Trump y expresar su inconformidad con sus políticas. Las urnas no señalaron una sola causa ni una conversión repentina de todo el país; reflejaron una combinación de malestar económico, rechazo a decisiones del gobierno y preocupación por el rumbo nacional.

Texas dio la sorpresa más simbólica. La demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador republicano Greg Abbott y se convirtió en la primera mujer latina en gobernar ese estado. Su triunfo terminó con más de tres décadas de dominio republicano en la gubernatura: la última demócrata en ocuparla fue Ann Richards, quien dejó el cargo en 1995.

Hinojosa, hija de padres mexicanos, criada en el valle de Texas y legisladora estatal, hizo campaña alrededor del costo de vida, las escuelas públicas y otros asuntos que conectaron con el malestar de los votantes.

 Las mujeres también alcanzaron victorias históricas en otros estados. Keisha Lance Bottoms ganó en Georgia y será la primera mujer afroestadounidense en gobernar un estado; Deb Haaland ganó en Nuevo México y será la primera mujer indígena estadounidense en ocupar una gubernatura; y Amy Acton venció en Ohio.

Gina Hinojosa, de la cual dábamos cuenta, que hizo historia en Texas. Esas conquistas se sumaron a triunfos y reelecciones de mujeres en distintas gubernaturas del país.

 En California, el demócrata Xavier Becerra fue elegido gobernador para suceder a Gavin Newsom. Becerra, nacido en Sacramento e hijo de padres mexicanos, fue fiscal general de California y secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos en la administración de Joe Biden.

Su victoria en el estado más poblado del país reforzó la dimensión nacional de una noche que movió el mapa político en ambas costas y en el sur.

También hubo victorias históricas en el Senado: el demócrata Abdul El-Sayed ganó el escaño de Michigan y se convirtió en el primer musulmán elegido para esa cámara; en New Hampshire, el congresista Chris Pappas venció a John E. Sununu y será el primer hombre abiertamente gay en llegar al Senado.

A ellos se sumó Peggy Flanagan, quien ganó en Minnesota y será la primera mujer indígena estadounidense en ocupar un escaño senatorial.

Para México, la elección ofrece una lección que conviene mirar con atención. Nuestros países tienen sistemas, costumbres y realidades económicas distintas, pero en ambos la percepción de la ciudadanía puede apartarse de la imagen que un gobernante intenta proyectar.

Cuando el costo de vida aprieta, la inseguridad no cesa y los actos de corrupción están a la orden del día, la población siente que sus preocupaciones no reciben respuesta, ese juicio puede aparecer en las urnas.

¿Se verá algo parecido en México en la próxima elección presidencial? ¿Habrá un candidato que mueva las masas? Es pregunta, que conste.

Buen fin de semana, la frase: Fracaso tiene 7 letras, pero también las tiene triunfo. ¡Ánimo!

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