
GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ
Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.
Apenas el viernes pasado, el 23 de octubre de este año 2026, anduvieron de manteles largos los médicos en todo México para conmemorar su día.
Fíjense ustedes que aquí en Coahuila la cosa se sintió más de banqueta quede salón oficial: en Saltillo, bajo los árboles de la Alameda o en las mesas del viejo Hotel La Torre, la plática de café giraba alrededor de los que de verdad se la juegan desde temprano en la calle y en los consultorios de barrio.
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Yo les digo Galenos, aunque algunos me cuestionen por no decirles doctores a secas. Se les llama así para hacer referencia a Claudio Galeno o Claudius Galenus, nacido entre los años 129 y 130 después de Cristo en Pérgamo, reconocido como el médico antiguo más destacado establecido en Roma. En verdad es que la referencia viene de lejos y sigue vigente entre nosotros.
En nuestro país el día se fijó cada 23 de octubre en recuerdo al doctor Valentín Gómez Farías, quien en 1833 inauguró el Establecimiento de Ciencias Médicas en la Ciudad de México, y se hizo oficial en 1937 durante la Convención de Sindicatos Médicos Confederados de la República.
Piensen nomás que desde entonces se les rinde homenaje nacional, pero la formación sigue siendo de las más exigentes y largas: cuatro o cinco años de carrera dependiendo de cada institución, más el internado donde el futuro Galeno reafirma sus conocimientos adquiridos atendiendo pacientes de verdad bajo supervisión de médicos con más trayectoria, principalmente en hospitales públicos.
Después viene el servicio social, establecido por decreto presidencial a partir de 1936, un año en comunidades rurales para asistencia, educación y prevención de enfermedades, despertando valores morales, éticos y el compromiso social.
En total se reciben en un periodo aproximado de siete u ocho años, contando con el conocimiento, la práctica y la investigación. Se dice que son los profesionistas mejor preparados. Imagínense ustedes que en este año 2026 el 90 por ciento de los doctores tiene estudios totalmente concluidos y el 70 por
ciento labora en instituciones públicas, el resto en particulares.
Pero la cosa es que, en las colonias de Mirasierra, en los sectores de Ramos Arizpe o en Arteaga, y hasta en los rincones más apartados de la Laguna, esos Galenos de la calle se la pasan de lanza con turnos de 24 horas, falta de insumos básicos en las clínicas y pacientes que llegan ya diagnosticados por el doctor Google.
En Monclova, con su ambiente industrial, o en Piedras Negras cerca de la frontera norteña, muchos jóvenes se van después del servicio social porque el sistema público ofrece poco comparado con el privado o las oportunidades del otro lado.
Recuerdo a los fundadores viejos de la medicina lagunera y saltillense, aquellos que en Torreón o en los pasillos del Hospital General de Saltillo hablaban de la práctica de antaño, con menos aparatos tecnológicos, pero con más ojo clínico, más cercanía al paciente y menos burocracia.
En este invierno que se nos viene encima trae más retos de los que ya traemos arrastrando y como decimos los laguneros, ¡ande..no! y la cosa no está para menos ya que esa cobertura universal que las instituciones prometen desde hace tiempo todavía no termina de aterrizar de lleno en las periferias coahuilenses, ni en las colonias de Ramos Arizpe, ni en los rincones de Arteaga o en la Laguna.
Y sin menospreciar a ninguna otra profesión, pues la cosa es que hay que reconocer a estos Galenos como superhéroes de verdad, de los que no necesitan capa ni poderes de película, sino que se sostienen solo con la experiencia acumulada, el conocimiento que se forja en los consultorios con pacientes y la voluntad de salvar vidas día tras día.
Mientras tanto, el contraste entre el discurso oficial de los salones y la realidad de la calle se mantiene justo en lo que nadie se ha atrevido a publicar con claridad: el desgaste silencioso, el cansancio que no se ve, de quienes eligen quedarse aquí en el norte de Coahuila en lugar de irse. Imagínense ustedes lo que eso implica cada madrugada en el hospital.