
GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ
Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.
Fíjense ustedes que el aire ya corta la cara de madrugada aquí en Saltillo y las serranías de Arteaga ya huelen a nieve, una señal clara de lo que se nos viene encima para el cierre de año.
Protección Civil estatal acaba de habilitar cincuenta albergues con capacidad para más de diez mil personas porque se esperan todavía unos cincuenta y cuatro frentes fríos de aquí hasta mayo del próximo 2027, una auténtica barbaridad que nos obliga a pensar en los rumbos de Acuña, la Carbonífera y Piedras Negras, donde el norte no perdona y la gente más amolada necesita techos habitables y cobijas de verdad, no discursos demagógicos.
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El ciudadano de a pie, ese que espera el camión a las seis de la mañana tiritando en las esquinas de nuestras colonias de la periferia, observa con una mezcla de resignación e impotencia cómo se repite el mismo ciclo de abandono año con año mientras las calles siguen a oscuras y los baches se llenan de escarcha.
Y la cosa es que, a casi dos años de haber tomado protesta en aquel arranque de enero, todavía quedan en Coahuila dos o tres alcaldes, si no es que más; con la desgastada cantaleta de que gobiernan municipios pobres, un sobado pretexto que usan para ocultar la hueva burocrática y justificar la inacción social. Fingiendo amnesia fiscal tras veintidós meses en la silla, se sientan a esperar que todo el paquete lo resuelva el presupuesto estatal, cerrándose a cualquier destello de creatividad financiera o administrativa que les permita salir del bache por sus propios medios.
El Congreso ya aprobó las leyes de ingresos para los 38 municipios de la entidad con un ajuste inflacionario cercano al cuatro por ciento, dejando claros los contrastes económicos que saltan a la vista en nuestra geografía para este ejercicio fiscal.
Quienes no se quejan por tener bien sus finanzas es Saltillo opera casi mil millones de pesos gracias a su fuerte recaudación local, y en comparacion con otros municipios que se quejan como en la región Centro como Monclova o la frontera en Piedras Negras apenas arañan los novecientos millones.
Hay de todo en la viña del Señor, pero la escasez real jamás ha sido justificación válida para la inercia política porque, la verdad, yo he visto alcaldes rurales en la Laguna que de veras se parten el lomo gestionando apoyos intermunicipales, consiguiendo equipo usado y tejiendo alianzas para sacar al buey de la barranca sin llorar en los medios.
En cambio, otros ediles se pasan de lanza y pretenden conmover con penurias presupuestales, pero fíjese nomás qué cosa: los fines de semana se les olvida la crisis y se pasean alegremente por la frontera o la capital con comitivas costosas pagadas por el erario, una burla total porque las lágrimas de cocodrilo no quitan el frío de las colonias marginadas donde las familias queman leña en botes de lámina para ganarle la partida al termómetro.
Hace tiempo, en San Juan de Puerto Rico aplicaron un chistecito ingenioso para meter al orden al comercio informal sin subir impuestos, inventando una lotería tributaria donde cada ticket de consumo participa en sorteos semanales de mil dólares; el propio ciudadano se convirtió en el auditor fiscal exigiendo su comprobante por el sueño de ganar el premio y la recaudación se disparó de inmediato porque del mismo cuero salieron las correas.
Así que ya se pueden imaginar operando algo así por acá, no es un asunto de magia, sino de tener voluntad técnica para mover el dinero de la calle mientras el Gobierno del Estado consolida una agenda global atrayendo inversiones extranjeras masivas y blindando las carreteras bajo el mando de Manolo Jiménez.
El dinamismo estatal no puede ser frenado por palacios municipales convertidos en simples ventanillas de quejas, pues el ciudadano de la Región Carbonifera no merece excusas de oficina cada vez que baja el termómetro y las alianzas estratégicas están ahí para quien tenga la capacidad de arrastrar el lápiz, sabe a qué me refiero.
La gente en las plazas del centro ya está cansada de escuchar que no hay dinero en la caja de la tesorería mientras ve pasar las camionetas del año estacionadas frente a las alcaldías. ¿Van a seguir estirando la mano y administrando la miseria tras casi dos años de gestión o van a empezar a gobernar con la dignidad que Coahuila les exige?.