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Los dolores del progreso urbano

GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ

Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.

Uno nace en Torreón, allá donde la Laguna enseña a terquedades, se cría midiendo el calor del norte del estado y termina echando raíces en Saltillo por casi treinta años, pensando que ya lo ha visto todo en la viña del Señor.

Pues la cosa es que no. Y saben ustedes cómo es la vida en nuestra capital hoy, en este viernes 30 de octubre de 2026. Llevamos ya tres días con el plantón de los Burros Pardos sobre la Venustiano Carranza. Para cualquier lagunero diría su famosa expresión, “¡ande…no!.

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Los saltillenses ya nos aprendimos el desvío por Isidro López Zertuche mejor que el camino a la tiendita de la esquina. Pura bronca. Lo que comenzó este martes 27 a las diez de la mañana con el Movimiento Estudiantil no fue un capricho de muchachos aburridos. ¡Qué bárbaro, oiga!

Todo tronó porque volvieron a agarrar la explanada del Tecnológico como zona VIP para funcionarios en un concierto. Eso destapó una olla de presión con un pliego petitorio que llevaba tres años empolvándose en los cajones de la desidia.

Hay demandas de acoso, falta de cuentas claras en los fondos de la carrera 5K, laboratorios obsoletos y la exigencia de más plazas docentes antes del límite fijado para este 30 de octubre.

La directora Ania Guadalupe Sánchez Ruiz entregó las respuestas oficiales comprometiendo plazos por escrito a las 13 peticiones de los alumnos. Pero las negociaciones están en pausa y el bulevar sigue cerrado de Universidad a Reynosa. Al menos esto hasta entes del cierre de ésta columna.

La verdad, yo he visto que el diálogo tardío obligó a los jóvenes a tomar la calle para que los pelaran. Se pasa de lanza la burocracia. Al ciudadano común le toca pagar los platos rotos con su tiempo y su gasolina, atrapado entre los cláxones y la lluvia de la mañana antes de las 6:00 am, el frío mañanero, y el calor de mediodía. Da coraje, sí, pero piensen nomás en el fondo legal de este crecimiento vertiginoso.

Este mismo año, la nueva Ciudad Judicial ya está operando en el Bulevar Fundadores, en la zona oriente, concentrando materias civiles, mercantiles y familiares. El Poder Judicial no mandó los juzgados a la periferia por capricho ni por una ocurrencia de escritorio.

Existe una justificación jurídica real: el Plan Municipal de Desarrollo Urbano vigente obliga por ley a la descentralización de servicios públicos y crear subcentros urbanos para evitar el colapso absoluto del centro histórico. Es derecho puro. La ley promueve que las instituciones se muden hacia donde la población se está expandiendo para equilibrar la geografía urbana.

El problema real, la piedrita en el zapato, no es el mandato de la ley, sino la velocidad de la infraestructura que debe acompañarlo. ¿Cómo llega la gente sin carro hasta allá? Si bien el programa estatal implementó las rutas troncales de interconexión y alimentadoras periféricas como la RS-714 o la ruta Vista Centro Fundadores, el tiempo de traslado desde las colonias del poniente sigue siendo un viacrucis.

Tomar dos camiones, pagar la tarifa con la tarjeta electrónica obligatoria de este año y cruzar la urbe de punta a punta no es un asunto sencillo para quien va a reclamar una pensión alimenticia.

Saltillo atrae inversiones de diecinueve países y es de las ciudades más seguras e industriales, pero la planeación urbana integrada sigue sufriendo desfases. La psicología de la resignación se nos mete suavecita. Nos acostumbramos al desvío por el plantón en el Tec y aceptamos los minutos perdidos para ir a un juzgado lejano.

No se trata de buscar culpables ni de lanzar acusaciones al aire. Las autoridades cumplen con leyes de ordenamiento territorial que buscan el futuro de la urbe, y los estudiantes defienden por derecho la dignidad de su universidad. El reto real es de sincronía. Una ciudad próspera no puede permitir que la aplicación de la ley y el desarrollo industrial corran a mil por hora en la periferia, mientras la movilidad del ciudadano de a pie se quede varada en el tráfico de un bulevar del centro.

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