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Horror

Adela Cedillo

Doctora en Historia de América Latina por la Universidad de Wisconsin-Madison Es licenciada en Historia y maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado artículos en revistas indexadas y de divulgación y capítulos en obras colectivas sobre la guerra sucia mexicana, las organizaciones armadas revolucionarias, los derechos humanos y la guerra contra las drogas. Tw @Eliseirena

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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¿Cómo negar que las imágenes del 7 de octubre provocan, objetivamente, horror?

Es aborrecible ver a civiles desarmados ser asesinados a sangre fría. Sin embargo, el uso estratégico y utilitario de las víctimas para generar empatía selectiva ha sido aún más aborrecible.

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Cada vez surge más evidencia para probar que el 7 de octubre fue tanto un operativo sionista de falsa bandera como un acto de autodefensa armada palestina.

Esa dualidad es muy compleja y no me detendré a analizarla. Sólo quiero enfatizar que no hay igualdad en el dolor entre opresores y oprimidos.

El dolor de los 700.000 palestinos expulsados de su tierra milenaria durante la Nakba en 1948 no fue transmitido en tiempo real o memorializado, ni siquiera reconocido como un evento demostrable.

Se nos ha querido convencer de que, como quienes llegaron a vivir a Palestina eran sobrevivientes del Holocausto, automáticamente han tenido derecho a asesinar a sangre fría, desplazar, torturar, arrasar con la flora nativa, etc., con tal de vivir en paz, sin vecinos molestos.

Así, se usó a víctimas de crímenes de lesa humanidad para justificar la comisión de nuevos crímenes de lesa humanidad, en un ciclo jurídica y moralmente inaceptable.

Esa dinámica se ha mantenido a lo largo de 78 años de ocupación, en los que el ente invasor ha hecho de las masacres cotidianas y otros horrores colectivos su sello más distintivo.

Sólo ha habido un 7 de octubre para el ente invasor; en cambio, ha habido decenas (o cientos) de episodios iguales para el pueblo invadido. El ente invasor tiene armas atómicas y uno de los complejos militares más sofisticados del mundo.

El ente invadido tiene a unos cuantos grupos de autodefensa armada que de ningún modo constituyen un ejército. Sólo a través de la alquimia de la propaganda, esos grupos de autodefensa con sus rifles de la época de la Guerra Fría son más peligrosos que los matones con armas atómicas.

Si alguien no ve esa asimetría, si alguien sigue pensando que hay que invocar la teoría de los dos demonios para explicar tres años del único genocidio transmitido en tiempo real 24/7, entonces estamos no sólo ante un problema de imbecilidad moral sino también cognitiva.

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