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El costo del frío en Saltillo

GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ

Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.

Miren ustedes, conforme uno va arrastrando la pluma por las hojas de la libreta, la memoria se empeña en traer los recuerdos de aquellas épocas en que las empresas nacidas en nuestra tierra tenían un compromiso real, un abrazo sincero con su gente.

Fíjense ustedes que hablo de ese agradecimiento que la industria le devolvía a la comunidad que la vio crecer.

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Me acuerdo simplemente en lo que significó el Grupo Industrial Saltillo allá en sus años dorados, cuando las familias López Zertuche, López del Bosque y más tarde los López Villarreal o López Denigris le ponían el pecho a las necesidades del pueblo…

¡Qué bárbaro, oiga! Eso era identidad norteña. En Torreón, el orgullo de mi Laguna, Peñoles y LALA han hecho lo propio, manteniendo siempre esa vinculación social.

También lo que en su momento representó Altos Hornos para Monclova o MICARE en la región de Nava y Piedras Negras… Pues la cosa es que los tiempos cambian, sabe a qué me refiero, y la verdad yo he visto cómo ese sentido social comunitario se va deslavando, cerrándose cada vez más a los ojos de la cuadra.

Viene a cuento esta reflexión porque Aguas de Saltillo acaba de celebrar veinticinco años de operar el sistema. Se dice fácil… En los discursos oficiales de este año se aplauden los 290 mil 518 contratos vigentes y una eficiencia física que saltó al 78 por ciento. Todo muy bonito en el papel… Pero la realidad en las calles es otra.

Imagínense ustedes que mientras la empresa cumple con entregar al Municipio sus 55 millones de pesos de utilidades para buscar nuevas fuentes, el invierno ya asoma por la Carbonífera y Arteaga… Y con el frío, viene el debate de siempre: los medidores que truenan con las heladas.

En verdad es que solo unos 60 mil usuarios tienen contratado el seguro del medidor corporativo que cuesta 250 pesos anuales. El resto de la población… más de 200 mil familias saltillenses, quedan al amparo de la suerte climática.

Si el termómetro baja de cero, como pasó en enero pasado cuando reventaron más de dos mil aparatos, el golpe va directo al bolsillo del ciudadano, obligándolo a pagar entre 800 y 1,500 pesos por la reposición.

Y me refiero a que la empresa ofrece subsidios a pensionados y lleva agua a zonas vulnerables, lo cual se reconoce, pero la protección comunitaria en temporada invernal se sigue sintiendo corta. Al ser una sociedad mixta donde el Ayuntamiento tiene el 55 por ciento de las acciones y el socio operador, Veolia, el 45 restante, el beneficio mutuo debería ser más evidente para quien paga puntualmente el recibo.

A pesar de que para este 2026 traen la consigna de cambiar 35 mil medidores viejos, la percepción de la gente es que la sensibilidad institucional a veces se diluye en la frialdad de las cifras…

Desde la gerencia general se habla mucho de eficiencia y de los 700 litros por segundo sumados a la red, pero se siente un vacío cuando la única alternativa de protección real que se ofrece ante las inclemencias del tiempo es que el propio usuario contrate, de manera estrictamente voluntaria, la póliza del seguro anual.

Dejar la solución climática enteramente sujeta a la libre contratación de una cobertura comercial privada, sin un esquema de contingencia solidaria por parte de la empresa paramunicipal, es lo que deja al ciudadano de a pie sintiéndose desprotegido frente al hielo.

Hace unos años, cuando otra helada histórica rompió 20 mil medidores, el Municipio acordó que la empresa absorbiera la mitad de los costos.

Hoy, esa flexibilidad comercial parece lejana. En los negocios se gana y se pierde, pero tras un cuarto de siglo administrando el agua de Coahuila, equilibrar la balanza social con un esquema solidario para el invierno no debería ser una opción de segunda.

Mientras que en el aniversario se presuman los millones, pero se mantenga un esquema que castiga el bolsillo de las colonias altas de Saltillo o en las casas de Ramos Arizpe, fíjese nomás qué cosa. Todavía hay tiempo de demostrar que la reciprocidad empresarial es real… antes de que el frío vuelva a hablar.

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