THOMAS RESÉNDIZ L
El Partido Demócrata arrebató a los republicanos el control de la Cámara de Representantes, consiguió la mayoría en el Senado y conquistó gubernaturas estratégicas; el resultado representa un severo revés para la administración de Donald Trump
WASHINGTON, EU.- El presidente Donald Trump sufrió uno de los mayores reveses políticos de su Administración luego de que el Partido Demócrata obtuviera una contundente victoria en las elecciones estadounidenses de medio término, al conseguir el control de ambas cámaras del Congreso y ampliar su presencia en las gubernaturas del país.
Los resultados electorales reflejaron un amplio rechazo a las políticas del mandatario republicano, particularmente en materia económica, migratoria y comercial, en una jornada que también estuvo marcada por el descontento ciudadano ante el elevado costo de vida y la creciente polarización política.
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De acuerdo con las proyecciones difundidas por medios estadounidenses, los demócratas alcanzaron 254 escaños en la Cámara de Representantes, frente a 172 de los republicanos, con nueve posiciones todavía pendientes de definición.
En el Senado, la oposición también consiguió modificar la correlación de fuerzas al obtener 54 escaños, mientras que los republicanos quedaron con 44, con dos posiciones aún por resolverse.
La jornada electoral permitió además al Partido Demócrata incrementar de 24 a 28 las gubernaturas bajo su control, mientras que los republicanos retrocedieron de 26 a 22, tras perder posiciones estratégicas en distintos estados.
Entre los resultados más significativos destacó la victoria de Gina Hinojosa en Texas, quien derrotó al gobernador republicano Greg Abbott y se convirtió en la primera mujer latina en ocupar ese cargo en la entidad.
Otro triunfo relevante fue el de Keisha Lance Bottoms en Georgia, quien hizo historia al convertirse en la primera mujer afroamericana elegida gobernadora en Estados Unidos.
En California, Xavier Becerra alcanzó la gubernatura y se convirtió en el primer mandatario estatal de origen hispano en la historia moderna de esa entidad. También se registraron victorias demócratas en Arizona y Nuevo México, encabezadas por Katie Hobbs y Deb Haaland, respectivamente.
Esta última se convirtió en la primera mujer indígena elegida gobernadora en Estados Unidos, consolidando una jornada caracterizada por importantes cambios en la representación política del país.
El avance demócrata también se extendió al Senado, donde el partido obtuvo victorias en estados como Carolina del Norte y Ohio, incluso en regiones tradicionalmente vinculadas con sectores agrícolas y manufactureros que anteriormente respaldaron las propuestas económicas de Trump.
Los resultados fueron interpretados como una reacción del electorado frente a las políticas arancelarias de la Casa Blanca, cuyos efectos sobre los precios y la actividad económica contribuyeron al desgaste de la administración republicana.
Tras conocerse las primeras tendencias, Trump manifestó su disposición a reconocer los resultados, aunque responsabilizó de la derrota a su ausencia en las boletas electorales.
El mandatario había advertido previamente que una derrota republicana pondría en riesgo las condiciones económicas y de seguridad del país, pero el desenlace de la jornada terminó por fortalecer a sus adversarios políticos.
Con la nueva composición del Congreso, los demócratas tendrán mayores posibilidades de frenar iniciativas presidenciales, ejercer controles sobre el Poder Ejecutivo e impulsar investigaciones relacionadas con las decisiones de la administración federal.
El resultado también representa un desafío para el movimiento político encabezado por Trump, debido a que sus legisladores enfrentarán una oposición fortalecida y con capacidad para condicionar la agenda gubernamental durante el resto de su mandato.
La derrota republicana abre así una nueva etapa de confrontación institucional en Washington, mientras el Partido Demócrata recupera posiciones decisivas en el escenario político estadounidense.