
GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ
Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.
Mire usted, lector, que uno anda por estas tierras y se topa con cosas que no cuadran. Coahuila es de las entidades donde menos llueve en todo el país. Segundo lugar, dicen las cifras. Y sin embargo… pues resulta que andamos por ahí del tercero en forestación, en bosques, en áreas verdes. ¿Cómo le parece?
Las instituciones oficiales y las que no lo son, nacionales e internacionales, lo tienen así anotado. No es cuento de alguien que quiera presumir.
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La verdad, yo he visto cómo en Saltillo las mañanas del centro todavía se sienten frescas bajo los árboles de la Alameda, mientras en la Laguna el sol de Torreón te deja el asfalto hirviendo. Y en medio de eso, desde el gobierno estatal no se ha dejado de empujar la reforestación.
En este mismo año, con el programa, “Verde Verde Coahuila”, se plantaron más de cien mil árboles repartidos por los municipios. En agosto se sumaron a la jornada nacional con pinos piñoneros allá en el ejido Chapula. Y apenas hace unos días en Ramos Arizpe seguían sumando ejemplares. No es de ayer. Es de siempre, pero ahora se nota más.
Piensen nomás. Estas tierras semidesérticas no se prestan. El agua escasea, el sol aprieta, y aun así la gente se echa a cuestas plantar mezquites, fresnos, pinos, retamas. En verdad es que… no es fácil. Hace años, incendios o la mano del hombre se llevaron zonas que fueron boscosas. Ahora se restablecen, poco a poco, con campañas que invitan a niños, jóvenes y adultos.
Lo más importante, fíjense ustedes, es la cultura que les dejan a los pequeñines. Que entiendan por qué hay que cuidar un árbol, mantenerlo, sembrar otro. Porque eso es lo que se hereda, no el discurso.
Y como decimos los laguneros, ¡ande… no!. Ningún estado fronterizo, de este lado ni del otro, se ha metido como Coahuila a plantar a lo largo de la orilla del Río Bravo, desde Acuña hasta Piedras Negras. Callado, efectivo. Miles de árboles que ahora dan sombra y detienen el polvo. Yo he recorrido esa franja y se pasa de lanza ver cómo va quedando. En Múzquiz, en Boquillas del Carmen, en la sierra de Arteaga, la vegetación natural impresiona a quien llega pensando que aquí todo es puro desierto. Y luego se topa con lo que ha hecho la mano del hombre.
Imagínense ustedes. Visitantes de otros estados que llegan con la idea de tierra seca y se van sorprendidos. No solo por la sierra, sino por los programas que se han empujado en equipo entre las alcaldías y los ciudadanos. ¿Y sabe qué? Lo que llena de orgullo no son las cifras exactas. Es saber que se está dejando algo mejor para los que vienen. En Monclova, en Piedras Negras, en cualquier rincón, uno ve a la gente participando. Porque aquí se entendió que con más zonas verdes se deja la mejor herencia.
Somos únicos, lector. No hay otro con estas virtudes de su gente y de su gobierno. Pues la cosa es que… entre menos llueve, más se planta. Y eso, ¡qué bárbaro, oiga!, no se improvisa. Se trabaja. Se enseña. Se cuida. Y así seguimos, un árbol a la vez, en este Coahuila que se niega a ser solo desierto.