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No lo es…

Adela Cedillo

Doctora en Historia de América Latina por la Universidad de Wisconsin-Madison Es licenciada en Historia y maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado artículos en revistas indexadas y de divulgación y capítulos en obras colectivas sobre la guerra sucia mexicana, las organizaciones armadas revolucionarias, los derechos humanos y la guerra contra las drogas. Tw @Eliseirena

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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Nunca he comprado la idea de que Estados Unidos es una democracia fuerte.

En lugar de ser un sistema de un solo partido, es un sistema de dos partidos en el que ambas partes representan la oligarquía.

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No me gustan los demócratas en absoluto y no creo en el sistema electoral, pero estoy votando por los demócratas porque los riesgos son muy altos.

Desafortunadamente, los estadounidenses, los más adoctrinados de la cara de esta tierra, tienen más poder que la mayoría de las naciones combinadas.

Cada decisión electoral que toman tiene un impacto en el resto del mundo. Esta es una elección entre dos tipos de monstruos, pero el monstruo demócrata no forma parte de una secta de personalidad impulsada por nacionalistas cristianos, supremacistas blancos, nazis, etc.

Esa no es una diferencia menor.

DESCONEXIÓN

La desconexión de los ciudadanos de los imperios con los países que han sido víctimas de su colonialismo es absoluta.

Los ciudadanos imperiales están convencidos de que su nivel de vida elevado (o que solía serlo) es producto de su trabajo y de la organización económica y social de sus países, nada más. No entienden y no quieren entender nada sobre las prácticas profundamente extractivistas y opresivas que dominan las relaciones entre el norte y el sur globales.

En su miopía imperial, no sienten ninguna empatía por esos millones de personas a las que sus gobiernos les han destruido la vida. El pensamiento decolonial y post-colonial les resulta ajeno. Con toda facilidad lo tachan de propaganda sin haberlo leído nunca.

Por eso, a la par que siento una enorme simpatía por el movimiento estudiantil que azota a Francia, soy consciente de esta contradicción: si a esos jóvenes su imperio les diera los mismos privilegios y beneficios que a generaciones pasadas, o si al menos les garantizaran los derechos fundamentales en su totalidad (educación de calidad, trabajos dignos y bien remunerados, seguridad social integral, etc.), ellos solo aspirarían a conservar lo adquirido a costa de lo que fuera, incluidas las campañas militares en el tercer mundo.

Así ha sido siempre.

Mientras la gente que participa en movimientos sociales en el norte global no entienda al sur y no entienda que una reorganización geopolítica profunda es necesaria para salvar a la humanidad como especie, seguirán atrapados en el inmediatismo de querer acceder a un nivel de vida elevado y nada más.

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