
JESÚS CEDILLO
Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE
Agradezco de corazón, palabra y pensamiento todos sus comentarios y parabienes de los cuales fui objeto, por el arribo gozoso a los primeros 300 sábados de esta tertulia: tratar mínimamente de otear y escudriñar a Dios y a Jesucristo.
Tarea de nunca acabar. Otra vez gracias por hacer suyas estas reflexiones y letras: hablar de Dios, reflexionar sobre Dios, la Biblia y Jesucristo. Y claro, todo lo cual les rodea.
Se lo repito: me he metido en una ciénaga divina interminable. Gracias por todos sus comentarios. Hartos comentarios. He tratado de abordar a ese inasible Dios desde todas las aristas a mi alcance.
Y claro haciendo eco de sus comentarios y sugerencias. ¿Lo he logrado? Espero mínimamente sí. Hemos abordado a Dios y la Biblia desde la perspectiva de los filósofos, teólogos, escritores, psicólogos, poetas y claro, pensadores en general (científicos, pocas veces, soy franco). Pero igual, no pocas veces su servidor en esta larga saga de 300 entregas, he dejado de lado a Dios y me he precipitado al abismo humano lo cual fue Jesucristo. Con esta entrega es la número 301.
Lo repito, una pregunta la cual he dejado caer aquí seguido: ¿Cómo fue la personalidad de Jesucristo, tanto hombre como Dios mismo para nosotros los católicos? ¿Lo podemos entender desde nuestra perspectiva? ¿Lo entendemos o tratamos de ver como humano o como un santo o un Dios vivo? ¿Qué hacer con su personalidad de un tipo el cual más de dos mil años después nos intriga, nos atrae y nos moldea?
Nada es nuevo. Se lo dije o lo he escrito en textos pasadlo: la luz, el sol, es la vida. La noche es o se identifica con la oscuridad, la tristeza y el dolor. Claro, lo anterior está deletreado en nuestro sincretismo, en nuestro ADN. En el sincretismo de la llegada de los españoles (trajeron la cruz y la espada) y el recuerdo de nuestros dioses arcaicos, los cuales pedían sacrificios y sangre diarios.
Pero no hay ninguna diferencia cuando llegaron los barbones españoles montados en sus corceles y jamelgos jamás conocidos aquí e implantaron su cristianismo sanguinario. Así de sencillo.
Una amiga doctora en Antropología la cual vino a Saltillo hace algunas lunas a realizar una investigación, la doctora Escobar, con la cual tuve buenas y dilatadas tertulias, cuando terminó su investigación aquí, regresó a la ciudad de México y luego de donde es originaria, un Estado, tal vez el más bello Estado de México, Chiapas.
Hemos seguido hablando seguido por teléfono y pocas veces hemos coincidido físicamente desgraciadamente. Pero seguimos y mantenemos un buen contacto y lazo afectivo. Pero ahora, ella ha apostado por una arista la cual no encuentra en esta ya larga saga de textos: no he abordado digamos, de manera antropológica y en base a antecedentes directas de pueblos, poblaciones o tribus autóctonas, su idea de la divinidad, su idea de lo sagrado; sí, su idea de Dios mismo.
¿Lo nota? Es justo la tirada de naipes de la doctora Anne Young cuando ella me pidió lo mismo, pero desde el lado de la psicología y el psicoanálisis.
¿Nota entonces, señor lector, todo lo cual nos falta a usted y a mí, para darnos una mínima y general idea de Dios? Ambas eruditas tienen razón: me ha faltado lo anterior. Puf. A vuela pluma, lea lo siguiente.
Es decir, imagino usted leyó el siguiente texto hace mucho tiempo, es lectura obligada en la Universidad. Usted lo conoce de memoria, es “Juan Pérez Jolote. Autobiografía de un tzotzil”, de Ricardo Pozas. ¿Le suena?
ESQUINA-BAJAN
Justo lo voy encontrando en mi desordenada biblioteca y ha sido un manjar el cual da mucho, harto para pensar. El libro fue publicado por primera vez en 1952 y sus ediciones siguen apareciendo hasta el día de hoy. ¿Quién es Cristo para él, para Juan Pérez Jolote (Juan Pérez “Guajolote”) y su pueblo? ¿Y Dios mismo? ¿Y la Virgen?
Lea usted un pálido fragmento: “Este que está encajonado es el señor San Manuel; se llama también señor San Salvador, o señor San Mateo; es el que cuida a la gente, a las creaturas. A él se le pide que cuide a uno en su casa, en los caminos, en la tierra.
Este otro que está enseñando, está mostrando como se muere en la cruz es también el señor San Mateo; está para enseñarnos a respetar… antes de que naciera San Manuel, el sol estaba frío igual que la luna. En la tierra vivían los pukujes, que se comían a la gente. El sol comenzó a calentar cuando vivía el niño Dios…”.
El libro lo leí de una sentada en un domingo lluvioso. Lo inicié y cuando reaccioné, ya no pude soltarlo. Solamente y mejor, fui a la nevera (dicen los ibéricos), al refrigerador, me preparé un emparedado de huevo con chorizo, unté las dos rebanadas de pan blanco con mayonesa, otro aderezo y agregué unas lajas de queso panela.
Destapé una botella de tinto… y no me volví a parar hasta terminar el libro de 120 páginas. Una delicia.
¡Caray! Y rápido: desde siempre y desde cualquier religión o teogonía, el sol, la luz es la dicha, la plenitud, la fertilidad, lo es todo. Pero para mí en lo particular, necesito la oscuridad, la noche, las tinieblas para leer, escribir y vivir. Así de sencillo o complicado.
Y claro, todo mundo tiene sus ritmos de vida. Mi ritmo es lo anterior. Aflora también y como siempre el tema del clima tórrido, el sexo entre los chamulas de Chiapas, sus usos y costumbres patrimoniales, la veta gastronómica…
LETRAS MINÚSCULAS
Cuenta Pérez Jolote de la manera de santiguar por parte del Presidente (líder, jefe) en turno de la comunidad: “Dios totic, Dios nichonil, Dios espíritu santo…” El sincretismo en estado puro. Le dedicaré tres textos de entrada.