
GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ
Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023.
Fíjense ustedes que todavía tengo la maña de anotar en libreta de mano lo que veo en la banqueta, porque la computadora llega tarde en la redacción.
Este lunes por la madrugada, repasando apuntes mientras el café terminaba de colarse, me topé otra vez con el reclamo de siempre en Saltillo y Ramos Arizpe: el grito del comercio establecido porque vienen los de fuera a quitarles la clientela de la temporada buena.
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En verdad es que… sigo sin hallar un razonamiento justo para cerrarle la puerta a quien viene a buscarse la vida honradamente. Ya pasaron quince años de aquel octubre de 2010, cuando el exalcalde ramosarizpense, Ramón Oceguera Rodríguez, se fajó ante el embate del comercio organizado.
En aquellos días las cámaras armaron alboroto por la llegada de los textileros de Moroleón. Le pusieron todos los periquitos: alegaron competencia desleal, marcas apócrifas y dijeron que esa gente no pagaba impuestos.
Oceguera, gobernando por los hechos y no por los sombrerazos, no les hizo caso y dejó que la feria textil siguiera su curso. La gente del pueblo, que al final manda, terminó yendo a comprar donde mejor le convenía el precio y el trato. Punto.
Piensen nomás… nuestros productores coahuilenses como los ganaderos de la Carbonífera, los textileros de la Laguna o los agricultores de Arteaga, viajan a ferias en otras entidades y nadie los corre. ¿Por qué aquí queremos levantar muros de papel?
Imagínense ustedes que en la Feria de Saltillo prohibieran a los foráneos. Se queda vacía, oiga. Yo he visto en mis andanzas por Monclova, Piedras Negras y Acuña, que el comprador no obedece a decretos de oficina; el ciudadano busca que el dinero le rinda, y si el comerciante de casa se queda dormido en la modorra de su mostrador, el cliente se va con el que ofrezca una sonrisa y mejor costo.
Fíjese nomás qué cosa: apenas este año vemos al alcalde de Ramos Arizpe, Tomás Gutiérrez Merino, promoviendo programas de consumo local para blindar a los negocios de las colonias. Eso se aplaude, claro, pero la realidad callejera camina por otro lado. Hace unos meses, en Frontera, ocurrió una paradoja de esas de café: fueron los propios comerciantes locales establecidos quienes pidieron permitir la llegada de las caravanas de Moroleón para que la zona centro tuviera movimiento y la gente bajara a gastar. Ya cuando las ventas andan frías, la necesidad cambia el discurso.
Pues la cosa es que… acusar a los ayuntamientos de “pasalones” porque no corren a los de fuera, es tanto como decirle a la autoridad que carece de inteligencia. Si de veras hay ilegalidad, que vayan los líderes con pruebas en la mano y no con el puro grito en el periódico. Los foráneos consumen comida, echan gasolina y se hospedan en hoteles de la periferia. Dejan una derrama que se queda circulando en las calles coahuilenses. Si ese dinero se pierde para los negocios de aquí, es únicamente por la falta de audacia local para competir de tú a tú en el aparador.
Se pasa de lanza el reclamo eterno que pide protección del gobierno, pero no propone planes serios para sustituir lo que traen de fuera, que hoy compiten hasta con mercancías chinas a precios de risa. Usted lector, ustedes que caminan por el centro de Saltillo o descansan en la Alameda, sabe a qué me refiero… La libreta anota lo que la banqueta dicta: la batalla se gana convenciendo al cliente en el mostrador, dándole buen trato y cuidándole el bolsillo, no llorando en los pasillos de palacio municipal.
El sol sale para todos.