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Acteal: los signos siguen ahí

Jaime Martínez Veloz

Luchador social, politólogo, incómodo al poder, ex legislador.Presidente del Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte “Ing. Heberto Castillo Martínez”.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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Entrevista el 4 de enero de 1998, trece días después de la masacre de Acteal.

El 22 de diciembre de 1997, una incursión armada en la comunidad de Acteal, municipio de Chenalhó, en la región de Los Altos de Chiapas, dejó 45 personas asesinadas. Las víctimas eran indígenas tsotsiles pertenecientes a la organización civil Las Abejas, un movimiento de carácter pacífico constituido en 1992.

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La masacre ocurrió en un escenario marcado por la violencia, los desplazamientos y la polarización política y comunitaria en Chiapas.

También se produjo en medio del estancamiento del diálogo entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya primera mesa había conducido a la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre derechos y cultura indígenas en febrero de 1996.

Estos antecedentes son fundamentales para comprender el sentido de la entrevista.

A finales de diciembre de 1997 fui invitado a la tradicional reunión de fin de año de la revista Proceso, realizada en sus oficinas de la calle Fresas, en la Ciudad de México.

Ése es mi recuerdo personal del origen de esta conversación. Allí me encontré con Gerardo Albarrán, periodista a quien respeto y admiro por su rigor profesional.

La conversación comenzó de manera informal.

En aquellos días resultaba inevitable hablar de Chiapas y de las consecuencias políticas y humanas de Acteal.

Casi sin proponérnoslo, el intercambio fue adquiriendo la forma de una entrevista. No hubo un cuestionario previo ni respuestas preparadas.

Hablé desde mi experiencia como integrante fundador de la Comisión de Concordia y Pacificación, la COCOPA, organismo creado por el Congreso de la Unión el 11 de marzo de 1995. También había presidido esa comisión en dos ocasiones.

La entrevista fue publicada el 4 de enero de 1998 bajo el título “La vía paralela”

En ella relaté la intervención de la COCOPA en los esfuerzos para reanudar el diálogo, cumplir los Acuerdos de San Andrés y abrir una vía política que permitiera avanzar hacia un protocolo de paz.

También expuse los obstáculos que, desde mi perspectiva y con base en hechos que presencié directamente, terminaron cerrando esa posibilidad.

Uno de los ejes centrales del testimonio es la llamada “vía paralela”. Según lo relatado entonces, entre septiembre y diciembre de 1996 la COCOPA transmitió documentos y posiciones entre el presidente; El objetivo era reducir el riesgo de una confrontación militar, cumplir los acuerdos alcanzados y crear las condiciones para que el EZLN pudiera transitar hacia la participación política civil.
La entrevista reconstruye también la disputa alrededor de la iniciativa de reformas constitucionales elaborada por la COCOPA. De acuerdo con mi testimonio, el documento buscaba trasladar al ámbito constitucional el contenido de los Acuerdos de San Andrés. La negativa del gobierno federal a respaldarlo provocó el deterioro de las negociaciones y redujo el margen para una solución pactada.
Estas declaraciones fueron hechas cuando los acontecimientos todavía estaban abiertos y el país seguía bajo el impacto de Acteal. No son una interpretación construida muchos años después. Son el registro inmediato de lo que vi, escuché y viví como participante en aquel proceso.

A casi tres décadas de distancia, los elementos sustantivos expuestos en aquella conversación siguen formando parte del expediente histórico del proceso de paz en Chiapas. Conviene decirlo con precisión: que no hayan sido desmentidos públicamente no los convierte por sí solo en una verdad definitiva, pero sí les otorga el valor de un testimonio directo que debe ser examinado, contrastado y preservado.

Recupero hoy esta entrevista no como un ajuste de cuentas, sino como una contribución a la memoria. Acteal no puede entenderse como un episodio desprendido de su tiempo. Fue precedida por una acumulación de violencia y ocurrió mientras los caminos institucionales para alcanzar la paz se encontraban bloqueados.

El paso de los años no ha borrado sus preguntas. La justicia reclamada por las víctimas, los derechos de los pueblos indígenas, la responsabilidad de las instituciones y las consecuencias de abandonar el diálogo continúan presentes en la vida pública del país. La propia organización Las Abejas seguía exigiendo verdad y justicia al conmemorarse el vigésimo séptimo aniversario de la masacre, en diciembre de 2024.
Por eso vuelvo a estas páginas. Como testimonio de una época, como documento para la memoria y como advertencia sobre el costo humano de las oportunidades políticas perdidas.

Acteal pertenece a la historia de México. Sus signos, sin embargo, siguen ahí.

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